La industria de la moda rápida ha crecido con rapidez durante las últimas décadas, impulsada por los precios bajos y un flujo constante de nuevas tendencias. Sin embargo, es una de las mayores contaminantes del mundo. Según las Naciones Unidas, es responsable del 10 % de las emisiones mundiales de carbono, más que las industrias de la aviación y el transporte marítimo juntas. Además, consume enormes cantidades de agua y genera grandes cantidades de residuos.
La producción de algodón, por ejemplo, requiere ingentes cantidades de agua y productos químicos, que pueden contaminar los ecosistemas locales y dañar la fauna silvestre. La eliminación de las prendas, por su parte, suele implicar la incineración o el vertedero, lo que puede liberar gases y sustancias químicas nocivas al aire y al agua.
El impacto de la moda rápida en el medio ambiente no se limita a la producción y la eliminación. El transporte de las prendas también contribuye a las emisiones de carbono, ya que las prendas se envían por todo el mundo para venderse en distintos mercados. Además, el uso de materiales sintéticos en la ropa puede liberar microfibras al océano al lavarla, lo que puede dañar la vida marina y entrar en la cadena alimentaria humana. En conjunto, la industria de la moda rápida contribuye de forma importante al cambio climático y a la degradación medioambiental, y es fundamental que actuemos para reducir su impacto.
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